Izquierdas y derechas, más de dos siglos – Opinión

Cuando los diputados de la Asamblea Nacional francesa el 23 de junio de 1789 tomaron lugar por primera vez en los escaños del hemiciclo, situándose los diputados realistas y monárquicos a la derecha de la presidencia y los diputados patriotas y republicanos a la izquierda, se instaló una tradición y costumbre que se extendió por el mundo entero hasta el presente.

OP-opinionbutton

Incluso hoy, en pleno siglo XXI, en la Asamblea Nacional francesa, los diputados se sitúan en sus escaños conforme a la distribución creada hace más de dos siglos: a la derecha, los de derecha y a la izquierda, los de izquierda.

Pero hay que reconocer que a lo largo de más de dos siglos de historia política y de historia de las ideas, las tradicionales denominaciones de “derecha e izquierda” no solamente son antagónicas entre sí, sin llegar a ser simbióticas, sino que expresan en un lenguaje simple y metafórico, la profundidad de posturas políticas, ideológicas, y doctrinarias que tienen raíces distintas y con frecuencia contradictorias.

El ser de derecha o el ser de izquierda son denominaciones de contenido cultural e ideológico, cuyos significados se han ido modificando con el tiempo, de manera que la densidad de la historia de cada sociedad en particular, le ha ido otorgando al sustantivo o al adjetivo, un valor diferente y cambiante, a veces cargada de una fuerza peyorativa y hasta discriminatoria, y en otros casos, como símbolo de un orgulloso sentido de pertenencia y de militancia.

Por eso es que puede afirmarse que quienes se definen como “ni de derecha ni de izquierda” representan y reflejan una indefinición que no logra equipararse con la potencia subjetiva y convocante de estas denominaciones cargadas de tiempo, de historia y de futuro.

Resulta evidente a la luz de la evidencia histórica, que no existen “una izquierda” ni tampoco “una derecha”.

Lo que comenzó en las asambleas parlamentarias, después se trasladó a la esfera de las ideas y de las definiciones de partidos y corrientes políticas.  Del mismo modo como las bancadas del Parlamento inglés en Westminster quedaron separadas desde hace varios siglos entre los escaños gobiernistas y opositores y entre liberales y conservadores, en gran parte de las repúblicas democráticas y representativas, las definiciones de derecha e izquierda, de liberales y conservadores, llegaron a marcar un sesgo político basado en diferencias doctrinarias y filosóficas y que se mantienen en el presente.

Cada día que se declara el fin de las izquierdas y de las derechas, se forma un partido político, un movimiento, un grupo organizado que busca su definición básica en el vasto patrimonio teórico y conceptual de la derecha o de la izquierda.

En el caso de la república de Chile, no lo olvidamos, la historia política del siglo XIX se fue construyendo a partir de las rivalidades sociales, políticas y hasta personales entre o’higginistas y carrerinos, entre católicos, protestantes y masones, entre santiaguinos y sureños, entre presidencialistas y federalistas, entre pipiolos y pelucones, entre balmacedistas y congresistas, entre liberales y conservadores.

¿Qué duda cabe que desde el cabildo del 18 de septiembre de 1810, las rivalidades entre monárquicos y patriotas se marcaron entre chilenos y peninsulares, divididos unos y otros en favor o en contra del dominio monárquico español?

En el siglo XX las diferencias entre derechas e izquierdas, se profundizaron y complejizaron a medida que cada corriente ideológica fue adoptando un modelo social y económico que cumplía la función de ser un país representativo que exhibir, como ejemplo de la concreción de su doctrina.  Desde la revolución rusa de 1917, para las corrientes y partidos de las derechas (conservadores y liberales) los modelos a seguir han sido Inglaterra y Estados Unidos, y para las izquierdas, el modelo fue la Unión Soviética y la República Popular China, anticipando la bipolaridad de la política mundial que continuará hasta 1989.

Derechas e izquierdas no son denominaciones vacías ni etiquetas puestas sobre productos de fácil digestión. Tampoco funcionan duraderamente como adjetivos peyorativos o como arma verbal para intentar descalificar al interlocutor como adversario o enemigo. La durabilidad de los sustantivos “derecha o izquierda” o también “derechista o izquierdista” resiste el paso del tiempo y perdura a través de los avatares y cambios de la vida política.

El pensamiento de izquierda como el pensamiento de derecha, representan campos de ideas y de proyectos sociales, económicos y políticos que poseen todavía en el presente, una poderosa capacidad de convocatoria, aunque las modas y las preferencias vayan mutando a través del tiempo.

Las doctrinas conservadoras y liberales encuentran sus raíces doctrinales en Tomás de Aquino, Adam Smith, John Locke, Montesquieu, Alexis de Tocqueville, Burke y Thomas Jefferson, hasta llegar a Alfred Rosenberg, John Rawls y Milton Friedman.

A su vez, el marco doctrinario e ideológico de las izquierdas remonta sus fundamentos a los utopistas del siglo XVII, Fourier, Charles Owen, Proudhon, Bakunin, Carlos Marx, Federico Engels, hasta llegar a Trotski, Stalin, Mao, Edward Bernstein, Antonio Gramsci, Palmiro Togliatti, Jean Paul Sartre y Toni Negri.

Cada una de ellas se expresa y se organiza en una constelación enormemente diversa y compleja de grupos, partidos, movimientos y colectivos con raigambre social diversa.

El paso del tiempo produce que se pueda hablar hoy de las viejas derechas y las viejas izquierdas, mientras se forman nuevos partidos y movimientos que, recogiendo o reinterpretando los mismos ideales políticos a la luz de los tiempos actuales, vuelven a ensamblarse con el campo ideológico y cultural del que provienen, vuelven a buscar en la matriz ideológica que los produjo, los valores y principios que les dan consistencia y perspectiva posible de futuro.

Las “nuevas derechas” nacen negando la maternidad de sus mismos partidos de las tradicionales fuerzas conservadoras y liberales, del mismo modo como las “nuevas izquierdas” salen a navegar en los nuevos tiempos, negando y tratando de destruir a las viejas izquierdas que las vieron nacer o aparecer.

Las derechas representan un universo social, cultural y político de contenido humanista que va desde las tendencias nacionalistas, fascistas y neofascistas, hasta los partidos y movimientos conservadores, en torno a las ideas de orden, libertad, patria, democracia y derechos individuales.

Las izquierdas, a su vez, representan un universo social, cultural y político de raigambre humanista que va desde las tendencias anarquistas, socialistas, socialdemócratas y comunistas, en torno a las ideas de igualdad, justicia social, libertad, derechos sociales, solidaridad y democracia.

Manuel Luis Rodríguez U.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s