El fracaso comunicacional de la demanda marítima boliviana en Chile

Desde que el Gobierno de Bolivia planteó en junio de 2013 la estrategia de la demanda marítima en contra de Chile, reclamando una salida soberana al océano Pacífico, algo se quebró en las ya lesionadas relaciones bilaterales entre los dos países, llevando el asunto ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

En el contexto de unas relaciones diplomáticas interrumpidas por Bolivia en 1961, la estrategia comunicacional del gobierno de Evo Morales ha seguido una doble dirección: 1º la de victimizar a Bolivia y culpabilizar a Chile de todos los males y desgracias que vive ese país como efecto ineludible de la mediterraneidad territorial; y 2º la de atacar sistemáticamente a Chile y su postura jurídica y política con todos los medios y en todos los foros internacionales.

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El fingido perdón expresado por el Presidente Evo Morales en su reciente visita a Chile, es una demostración de que su gobierno ha comprendido -acaso tardíamente- que se han excedido en los términos y en la forma como Bolivia ha tratado a Chile en los años recientes.

Recordamos además que el Presidente boliviano ha mencionado incluso la necesidad de incluir a las Fuerzas Armadas de su país en la cuestión limítrofe que ellos han inventado.

La suma de los agravios políticos comunicacionales del gobierno de Morales en contra del gobierno y del Estado de Chile es demasiado larga como para que se le mire en menos como realidad objetiva que tiene efectos de mediano y largo plazo.

El primer resultado de esta estrategia comunicacional básica y agresiva ha sido el de disminuir al mínimo la adhesión que pudiera haber existido en Chile respecto de la demanda boliviana: si había antes de 2011 un sector de la elite política, intelectual y social chilena que respaldaba la reivindicación boliviana, la desbocada estrategia comunicacional boliviana ha logrado reducir ese grupo a su mínima expresión, quedando incluso silenciado en la prensa chilena, y ocasionando por el contrario, una reacción creciente de rechazo ciudadano en Chile hacia dicha causa y de adhesión a la postura diplomática actualmente en curso.

Un segundo efecto de la estrategia comunicacional boliviana ha sido la de empantanar el resto de la agenda bilateral hasta el punto que los contactos entre los dos Estados son hoy mínimos y se sitúan en la mera esfera consular y administrativa.

¿Cómo podría el Estado de Chile abrirse a conversar diplomáticamente con un interlocutor que primero agrede, insulta, descalifica y denosta al otro interlocutor y después le reclama sentarse a conversar?

¿Cómo podría el Estado de Chile abrirse a dialogar en una mesa de conversación diplomática, bajo la exigencia boliviana de exigir territorio soberano chileno?

El daño hecho por la demanda marítima en La Haya a las relaciones bilaterales entre Chile y Bolivia puede tener efectos perdurables en el tiempo, y puede contribuir a profundizar el mutuo encono en la cultura y en las relaciones cotidianas entre dos pueblos cuya vecindad es permanente, pero cuyos gobernantes prefieren la cuña hábil en la televisión, la frase altisonante y el mensaje agudo en Twitter antes que preferir el diálogo diplomático y la búsqueda del entendimiento con perspectiva de futuro.

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