Ganadores del Oscar: la coexistencia de dos países – Alonso Escobar

Ganadores del Oscar, la coexistencia de dos países

Siempre se ha dicho que Chile es profundamente tradicional; lo que sin duda es una interpretación correcta, pero solo hasta cierto punto, atendiendo que paralelamente nos encontramos con otro país increíblemente progresista; tan hábil, hasta para plantear un tema absolutamente innovador en la industria del cine (salvo otros ejemplos como de Pedro Almodóvar, David Linch, o una olvidada y decadente actuación de Robert Downey Jr.), que a su vez nos ha otorgado nuestro segundo premio Oscar en tan solo dos años; equiparándola al reivindicador films “La Chica Danesa” de 2015; apreciando además que el hecho de poder lograr una industria cinematográfica, que genera empleos, es fruto de las libertades de expresión y de la economía de mercado que poseemos.

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Si estudiamos un poco la historia, podemos ver que el sector progresista y liberal tiene una larga data en nuestro país, si bien en momentos no fue numeroso, posee una presencia importante, en especial en ámbitos intelectuales, más allá del burdo reduccionismo político electoral; son dos naciones que comparten una misma tierra, que se encuentran juntas pero no revueltas; quizás a cuantos de los lectores le ha ocurrido constatar que su entorno familiar, escolar y social era absolutamente distinto al que apreció posteriormente, lo que nos fuerza a ser tolerantes entre nosotros.

Fernando Atria, plantea que en el fondo no poseemos cultura del debate, tomando en cuenta que si bien nuestro Estado es muy antiguo, nuestra democracia es muy joven, considerando que las leyes que combaten el cohecho de forma efectiva, son de finales de los años 50s. Cuantas veces no podemos debatir sin alzar la voz ni realizar descalificaciones personales, o incluso se caricaturiza a los que llegan a acuerdos como “traidores” o “amarillos”, o presenciamos penosos “intercambios de ideas” entre connotados columnistas de distintos medios de comunicación nacional, en las Redes Sociales; muchos de ellos con deslumbrantes antecedentes académicos, pero con infantiles y hormonales actitudes que dan pudor; o cuantas veces ciertos exponentes se molestan solo por el hecho de que alguien rebate civilizadamente sus ideas. Como decía el Profesor Atria (quién no me representa políticamente), cuando se intenta debatir, sin expresar la idea contraria de forma genuina, es decir de la manera que el interlocutor a que se va a rebatir, se sienta absolutamente representado en su idea a cuestionar; invariablemente se cae en la propaganda y la caricaturización.

Lo que digo es demasiado esencial, pero curiosamente con mucha frecuencia se nos olvida; tenemos que tener claro que la sociedad es diversa, con normas de convivencia básica que estamos obligados a respetar, que no poseemos dogmas medievales que imponer, que nuestras ideas necesariamente serán objeto de cuestionamiento, lo que sin duda terminará nutriendo el debate en los distintos temas nacionales que nos tocara abordar, como la identidad de género, o la protección de la vida humana frente a los derechos reproductivos de las mujeres chilenas.

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