En “perfecto” orden disperso

Al término del gobierno de Michelle Bachelet se producirá un escenario político y legislativo casi inédito en la historia reciente de nuestra República: el de un cuadro de alianzas y coaliciones donde el campo de la derecha aparece mucho más cohesionado detrás de su coalición y de su recién elegido Presidente de la República, mientras el campo de la oposición se presentará fragmentado en a lo menos cuatro sectores distintos.

Al mismo tiempo, el gobierno saliente de Michelle Bachelet deja “sembrado” el escenario político y legislativo con varios proyectos de ley que harán incomodar a la coalición Chile Vamos, como es el proyecto de Nueva Constitución Política y la urgencia al proyecto de ley de identidad de género.

El fin de la Nueva Mayoría abre un ciclo de notoria dispersión del sector de la centro izquierda, tanto como consecuencia de los efectos de su deficiente hy errática gestión política durante el gobierno Bachelet 2 y su incapacidad para gestionar las diferencias, como porque la política de los matices del centro político desdibujó la unidad de la coalición, intentó desconocer el propio programa de gobierno que suscribieron en 2014 y generó un cuadro de ruptura al no concurrir a primarias para las presidenciales de 2017.

El 11 de marzo marcará un momento en que el retorno de Sebastian Piñera y la derecha a La Moneda y al gobierno pondrá en escena un programa de gobierno de marcado sello conservador y propicio para aplicar la retroexcavadora neoliberal prácticamente sin contrapeso eficaz dentro del Congreso y del escenario político.

Se abre un nuevo momento político y social.

El gobierno de Sebastián Piñera comenzará sus 4 años de gestión con una oposicion fragmentada.

Cabe poner el acento en un escenario de las izquierdas divididas y ensimismadas, con los partidos Socialista, Por la Democracia, Radical y Comunista intentando alcanzar algún tipo de acuerdo parlamentario, con el PRO de Marco Enríquez Ominami casi sin capacidad real de incidir en el cuadro político, con un Frente Amplio constituido con 14 organizaciones de distinto tamaño y peso político y con una bancada de 20 diputados, mientras el centro político se desdibuja y pierde consistencia en medio de una profunda crisis partidaria y de identidad que no concluye.

Sin embargo, el campo de la oposición de izquierda tiene espacio y tiempo para reconstituirse y puede repetir parafraseando la Historia… “aun tenemos Patria ciudadanos”, porque su tarea política principal junto con defender el legado de lo que fue su gobierno con Michelle Bachelet, necesita definir nuevamente sus objetivos políticos y estratégicos, en función del calendario de elecciones venideras y de construir un proyecto de país coherente para después del 2022.

¿Habrán aprendido las izquierdas en Chile que el mecanismo de las primarias es la herramienta más eficaz para dirimir diferencias e involucrar a la ciudadanía en las decisiones de candidaturas?

El futuro de la oposición de la izquierda parece estar en el campo social, en los movimientos que sustentan una agenda de demandas no resueltas, como la reforma al sistema de pensiones y las AFP, la demanda por mayores  avances en materia de gratuidad de la educación superior, la reforma al sistema de Isapres y el incremento del presupuesto de recursos para el sistema público de salud, especialmente para la salud municipal.

Cabe subrayar además, que los 4 años de gobierno de Sebastián Piñera en realidad no serán 4 años, sino solo 2: ya que vienen a continuación las elecciones de consejeros regionales y de Gobernadores regionales, las elecciones municipales en 2020 y las parlamentarias junto a las presidenciales en 2021.

Pero, la coyuntura política nacional está influida además por dos procesos de cambio en curso: el intenso movimiento de cambio generacional en la retórica y en los elencos principales de los partidos, y la emergencia de un sujeto político como son las clases medias emergentes, cuya entrada en el proceso político y electoral altera los parámetros con que se ha entendido tradicionalmente la acción política.

La reciente encuesta CASEN dividió la población  de Chile en siete grupos: AB (clase alta), C1a (clase media acomodada), C1b (clase media emergente), C2 (clase media típica), C3 (clase media baja), D (vulnerables) y E (pobres). El grupo C3 resultó ser el más numeroso con un peso poblacional del 29%, desplazando al grupo D, históricamente el más numeroso.

La clase media, según esta nueva definición, pasó a ser la más numerosa del país.

Una parte  sustantiva de la política entre 2018 y 2022 se jugará en la calle, en la capacidad protagónica de los movimientos sociales y ciudadanos y en la capacidad de presión de las clases medias emergentes con sus nuevas agendas, pero también en el Congreso Nacional donde un intenso e incierto juego de alianzas pude dificultar la gobernabilidad legislativa y entorpecer la agenda del nuevo gobierno.

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