Elección de Gobernadores, al menos un avance – Alonso Escobar

Elección de Gobernadores, al menos un avance

Que Chile sea uno de los países más centralistas del mundo, no es una casualidad; fue algo que se forjó literalmente con sangre y pólvora, en nuestro proceso de formación como nación en el siglo XIX. La historia nos ha enseñado, siguiendo la investigación hecha por Gabriel Salazar y otros, que la elite social, económica y política de Santiago, se impuso por sobre la de las provincias; se desconoció el proceso constituyente democrático reunido en Valparaíso, y se selló a perpetuidad al fin del período, denominado de forma tergiversada “Anarquía”, con el inicio del Estado de Portales.

La clase política chilena, hermanada con la elite social, tiene profundas raíces en la capital, si bien inicialmente posee intereses latifundistas en provincias, minera en el Norte, agraria en el valle central y el Sur; su actividad librecambista y bancaria se fundó principalmente en Santiago en el siglo antepasado.

Lo cual se refleja en que la mayoría de las personas con destacadas carreras políticas a lo largo de nuestra historia republicana, si bien eran elegidos en representación de alejados lugares, en el fondo reflejaban los intereses centralistas. Sumado a que los sobrevivientes derrotados del período “anárquico” (sic.), en su mayoría y paulatinamente se relacionaron con los centros de poder central, sea mediante actividades económicas, como mediante vínculos de parentesco.

Tal mentalidad centralista, incluso influye fuertemente a los actuales habitantes de las regiones; por cierto y en justicia, exigen atención y reconocimiento, pero nos es difícil constatar que exijan la debida autonomía localista dentro del país; hasta ahora no ha habido un movimiento ciudadano, fuerte y decidido que irrumpa abruptamente en la agenda de la clase política chilena, incluso contra la voluntad de tal centro de poder, como ocurrió con el movimiento estudiantil, o la organización “No + AFP”. No nos olvidemos que ceder autonomía es ceder poder, y nuestra clase política santiaguina prácticamente no lo ha hecho desde 1830.

La elección popular de los “Gobernadores” regionales, sin duda es un avance, pero lamentablemente no posee la autonomía que se merecen sus electores; ya que en el fondo, las funciones de los actuales intendentes, ahora se dividirán en un Delegado Presidencial y el mencionado Gobernador; es obvio que ciertas agencias deben ser centralizadas, como lo es el control fronterizo, el SAG o inmigración, pero no se entiende que una autoridad electa por sufragio no posea funciones policiacas, dar instrucciones a los órganos de seguridad interior, velando por el orden público, ni atribuciones para enfrentar catástrofes o calamidades, en coordinación con las autoridades regionales.

A mi modo de ver, lo ideal para nuestro país, es acercarse al federalismo, con toda la autonomía que eso implica, el derecho de percibir ciertos tributos; total autonomía para poder emprender e invertir en obras de desarrollo, tomando los créditos que sean necesarios; sin la creación de innecesarios poderes legislativos regionales.

ALONSO ESCOBAR PARRA.

Abogado Universidad de Chile.

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