Un ciudadano, un domicilio, un voto

Probablemente uno de los virus más perniciosos y subrepticios que se introdujeron en el sistema electoral en Chile en dictadura en 1986, cuando se diseñó el sistema electoral que regiría en democracia, fue la creación de la figura del “domicilio electoral”, dando origen a la posibilidad que un ciudadano pueda declarar distintos domicilios.

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El domicilio electoral se supone el lugar de residencia del elector, conforme a una declaración que hace el propio ciudadano a partir del último trámite efectuado en el Servicio de Registro Civil e Identificación.

En Chile hoy, usted puede tener su domicilio legal en un lugar, su domicilio electoral en otro lugar, su domicilio tributario en otro tercer lugar y así sucesivamente, abriéndose la posibilidad de que se efectúen masivos acarreos de ciudadanos en elecciones de concejales desde distintas comunas del país.  Usted hoy puede declarar su “domicilio legal” en una comuna y declarar simultáneamente su “domicilio electoral” en otra comuna, lo que constituye una anomalía que gravita fuertemente en los resultados de las elecciones municipales, especialmente en las comunas rurales o más apartadas del territorio nacional.

En un sistema institucional como el chileno, donde el SERVEL recibe la información de base de los electores desde el Servicio de Registro Civil e Identificación, la clave del sistema es el domicilio del ciudadano, asociado a una comuna, a una ciudad y por lo tanto, dentro de un distrito o circunscripción electoral.

Como resultado de esta pluralidad de domicilios, ocurre hoy la paradoja que -por ejemplo- para las fuerzas policiales no es una irregularidad ni está penado por la ley que el día de la elección veamos salir desde la capital de una región, una caravana de buses transportando electores hacia una comuna rural…salvo que alguien haga una denuncia previa y presente “indicios”.

En sistemas electorales más modernos, sin considerar el avance que significa el voto electrónico, cada ciudadano tiene siempre un solo domicilio, produciendo el saludable y democrático efecto simplificador de “un ciudadano, un domicilio, un voto”.

La duplicidad de domicilios, dada la territorialidad de las elecciones, atenta contra la unicidad y legitimidad del padrón y de cada una de las etapas del proceso electoral.

Para la ley en Chile y por ende para el sistema electoral y como un principio que contribuye eficazmente al fortalecimiento de la democracia y de la legitimidad de las instituciones representativas, postulamos el concepto de que exista un solo domicilio para todos los efectos legales, incluyendo para los efectos electorales, dando sentido y aplicación a la fórmula: “un ciudadano, un domicilio, un voto”.

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